Innumerables sectores se entrecruzan como una inmensa telaraña en el ecosistema tecnológico. La terminología, muy anglosajona (fintech, e-learning, delivery, marketplace, cloud computing), revela dos pistas sobre la verdadera naturaleza del emprendimiento digital. Por un lado, la exuberante variedad de propuestas. Por otro, la democratización del éxito empresarial, que ya no solo depende de escoger bien la industria donde se opera sino de elementos como el equipo, la ejecución de la idea y la financiación. Startup Andalucía Roadshow, una iniciativa de la Junta destinada a seleccionar y propulsar a las grandes promesas de la región, celebró el pasado 23 de abril su primera gran final y anunció las cinco ganadoras. El listado lo componían Wuolah (edtech), Scoobic (delivery), Limnopharma (biotech), Owo (gaming) y Myhixel (healthtech) en lo que parecía una síntesis más que fiel de la premisa apuntada: el talento y las oportunidades están en todas partes.

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El equipo de MyHixel

 

La propuesta de Patricia López (Sevilla, 1983) supone toda una declaración de intenciones. Audaz como pocas, López cambió diez años como consultora en el ámbito turístico por cuatro en una firma americana de juguetes sexuales. Desde el departamento de márketing y ventas dio con un planteamiento novedoso. ¿Por qué no atacar el nicho masculino con un producto específico que mejorase los artilugios que urólogos y sexólogos recomendaban a sus pacientes para mitigar la eyaculación precoz? Así surge Myhixel, la combinación de ciencia y tecnología en torno a un problema de primer grado. “Conocía las investigaciones que llevaban a cabo el Instituto Sexológico de Murcia y la Universidad Miguel Hernández de Elche desde 2014. Sugerían habitualmente el uso de estimuladores japoneses, pero queríamos algo a medida y con más funcionalidades terapéuticas”, relata. Dos años después, la startup opera en 40 países y comercializa dos modelos exclusivos, Myhixel TR (189 euros), pensado para hombres que quieren mejorar el control de la eyaculación, y Myhixel MED (239 euros), orientado a combatir directamente la eyaculación precoz. En ambos casos se incluye un programa específico vía app y en el segundo se añade una consulta on line con un especialista.

 

Biotech, salud, logística, videojuegos y educación son los sectores donde operan las startups ganadoras.

 

Estados Unidos es el principal mercado de la empresa, que ultima allí una ronda de inversión de entre uno y dos millones de dólares y opta a una plaza en la aceleradora californiana Startup Health. Esta internacionalización evidente no implicará, según López, un traslado de sede. “El proyecto tenía muchos hándicaps. El hecho de que una mujer lidere una iniciativa sobre la salud sexual del hombre. La actitud de rechazo al ámbito de la salud sexual. Las complicaciones de acceso al capital. Que estuviésemos en Sevilla en vez de en Madrid o Barcelona era casi anecdótico. Vamos a seguir en Andalucía, no me cabe la menor duda”.

 

La piel de PS5 y Xbox One

 

El equipo de OWO

 

Otro caso extraordinario es el que protagoniza José Fuertes (Málaga, 1974), CEO de Owo, cuyo producto estrella es una chaqueta háptica wireless que ofrece más de 30 sensaciones diferentes a los usuarios de videojuegos. “En la industria siempre se quiso una experiencia más inmersiva. Sony y Facebook invierten en tecnología háptica pero no aportan más que una sola sensación basada en la vibración. Owo apuesta por ampliar ese ramillete con un algoritmo, micropulsaciones y nueve parámetros customizables. Esto se traduce en un mundo de posibilidades: recrear un abrazo, el viento en la cara, una bala en el abdomen o el ralentí de un vehículo”, resume Fuertes. Cualquier desarrollador del planeta puede generar el efecto que quiera añadiendo al videojuego unas líneas de código “en apenas una tarde”.

 

El del malagueño es un historial sobresaliente. Ingeniero industrial de formación, en 2010 creó Medical Cables (fabricante de productos médicos); en 2015 se atrevió con Wienspro (un sistema de estimulación electro-muscular para fitness que usan desde luchadores de artes marciales mixtas hasta equipos de fútbol portugueses y franceses) y en mayo de 2019 fundó Owo, cuyo recorrido es mastodóntico. “Hay 2.600 millones de jugadores a nivel mundial. A poco que obtengas una cuota de mercado del 0,5%, ya hablamos de un volumen notable de facturación (la chaqueta se venderá a unos 400 euros). Actualmente mantenemos conversaciones con Sony, Microsoft, Logitech y Facebook con la vista puesta en Estados Unidos. Buscamos un socio principal y un juego estrella que haga de abanderado, como ocurrió cuando Guitar Hero se lanzó con su propio hardware. En paralelo trabajamos en el porfolio de videojuegos adaptados” para móviles, ordenadores y realidad virtual, expone Fuertes con su verbo tranquilo y optimista. Antes de finales de año, Owo prevé cerrar una ronda de inversión de seis millones de euros.

 

Empresas como Owo y Myhixel apuntan claramente al mercado internacional y despiertan el interés de los fondos de inversión estadounidenses.

 

El equipo de Wuolah

 

Wuolah suena parecido al clásico ¡hala! porque busca ese mismo factor sorpresa en el alumno universitario o de ESO que comparte digitalmente sus apuntes o en ese otro estudiante menos aventajado que necesita este material para preparar sus exámenes. En la plataforma todo es gratuito, aunque a cambio cada ciertas páginas surge esta o aquella publicidad, y aquí está el secreto de la monetización que permite al contribuyente y la startup repartirse al 50% los ingresos. Enrique Ruiz (Sevilla, 1990), uno de los cuatro fundadores, explica que durante el curso 2020-2021 han recurrido a Wuolah un millón de estudiantes. “Es la propia comunidad la que, gracias a las descargas y las valoraciones, posiciona el material. Algunos usuarios ganan 100 euros al mes, los más veteranos suman gracias a nosotros hasta 4.000, aunque esto implica tomarse muy en serio los apuntes”.

 

Passion economy

 

Así definen los expertos una nueva modalidad de creación de contenidos que desafía, como hizo Youtube antes de ser universal, a los medios tradicionales. Wuolah quiere enmarcarse en ese nicho que persigue “dar a muchas personas la oportunidad de vivir de lo que les gusta”, dice Ruiz. “Cultivamos un elemento de prestigio en la plataforma. Tenemos identificados a los mejores de cada facultad. Esas habilidades, demostradas durante años de universidad, son un escaparate inmejorable para el mercado laboral. Has estado ayudando, de manera pública y notoria, a toda una promoción de estudiantes a aprobar y progresar”. Este emprendedor anima a otros jóvenes con inquietudes a pelearlas desde Andalucía en lugar de marcharse a otras comunidades. “Faltan números, empresas e inversores, pero si ya hay multinacionales que aprovechan las ventajas de contratar a profesionales andaluces con un salario menor que en Madrid pero mayor calidad de vida, ¿por qué no hacer lo mismo desde las startups?”.

 

El equipo de Scoobic

 

José María Gómez (Dos Hermanas, Sevilla, 1960) representa la veteranía del quinteto. También aquí resalta la fuerza de una hoja de servicios marcada por la firma AMG, 30 años de excelencia en el montaje de la infraestructura que rodea las carreras de la Fórmula 1 o el Mundial de Motociclismo. Scoobic, su galardonada apuesta, debuta en 2016 como fabricante de vehículos eléctricos para repartos urbanos de última milla. La progresión fue intachable hasta la sacudida de la pandemia y el parón chino. “Aprendimos la lección y elegimos no depender de China. La nueva factoría de Sevilla está ejecutada al 75% y generará 300 empleos. A finales de 2022 construiremos otra planta en México o Brasil para cubrir la demanda americana. No nos volvamos locos. Fabricar en China supone ahorrar un 10% en costes, pero, ¿cuánta riqueza aportas trasladando la producción aquí? Si la gente no tiene trabajo, ¿cómo esperamos que consuma?”, reflexiona Gómez.

 

Scoobic es un juego de palabras surgido tras combinar scooter (la agilidad) y metro cúbico (la carga). Con modelos que oscilan entre los 2.500 y los 15.000 euros y baterías patentadas de diez kilos que se recargan en tres horas, uno de estos vehículos entrega un 25% más de mercancía que una furgoneta en el mismo periodo. Correos ha decidido renovar con ellos su flota. Y Bridgestone ha sellado un acuerdo para que su red europea de talleres First Stop cuente en 24 horas con los recambios necesarios para cualquier reparación. Los techos de los scoobics incorporarán asimismo en breve un filtro para atrapar las partículas del diésel. Y, por si fuese poco, Innoenergy, el mayor fondo de inversión del sector eléctrico, pertenece al accionariado de la startup hispalense.

 

Dark horse

 

Quizás la mejor traducción de esta expresión anglosajona sea el mirlo blanco castellano, es decir, la extraordinaria rareza que simboliza la granadina Limnopharma, especializada en el desarrollo de fármacos contra enfermedades oculares, sobre todo la degeneración de retina, que en 2020 afectó a 240 millones de personas. “La degeneración macular húmeda sí tiene tratamiento, pero la variante seca (90% del total) no. Los tratamientos consisten en inyecciones intraoculares, muy invasivas y molestas, y se abandonan después de un año o dos. Básicamente no hay soluciones reales en el mercado”, expone Elena Puerta, CEO desde agosto del año pasado.

 

El equipo de Limnopharma

 

Los científicos Juan Carlos Morales y Francisco Díaz desarrollaron un fármaco a partir de una molécula que se testó en animales con resultados espectaculares. Se patentó la tecnología y se buscaron compañías farmacéuticas que la licenciaran, pero nadie dio el paso. Este vacío propició el advenimiento de Limnopharma, que contó desde el principio con el respaldo de Genesis Biomed, un family office catalán, y del Parque Tecnológico de la Salud de Granada, “sin cuyo programa de aceleración nada habría salido adelante”, admite Puerta.

En los próximos seis meses, la startup buscará levantar dos rondas que deberían sumar entre cinco y seis millones. Los ensayos en animales continuarán en 2022 y al año siguiente se harán con humanos. Morales alude a la brecha cultural que separa el dinero español del europeo y estadounidense. “En España parece que vamos mendigando dinero. En el caso europeo es curioso porque hay un estigma de los países del sur, aunque hagas buena ciencia: hemos hablado con fondos suizos o alemanes y este recelo se nota mucho. Luego vas a Fidadelfia y te tratan de tú a tú porque abundan los fondos especializados y entienden perfectamente la ciencia”.