Smartick Equipo

Daniel González de Vega (Málaga, 1973) y Javier Arroyo (Sevilla, 1971) forman un tándem bien engrasado. Ingeniero industrial el primero y economista el segundo, en 2009 fundaron Smartick con la vista puesta en las matemáticas, ese coco que a tantos niños apabulla. La startup andaluza propone un complemento a la educación reglada en ése y otros frentes como la lectura, está presente en 185 países, ofrece sus lecciones vía app en español, inglés y portugués y presta servicio a 30.000 alumnos particulares y 9.000 colegios. Premiada, entre otros, por el BBVA y la National Home School Association (EEUU), la suya fue una incursión pionera en el campo del e-learning, elevado a la enésima potencia con la pandemia.

 

La malagueña @Smartick ofrece una #app para combatir los problemas de atención asociados a los #smartphones Clic para tuitear

 

Pregunta: Muchos ven en la edtech un complemento a la educación tradicional, y ésa es justo la carta que juega Smartick, pero en los últimos tiempos han descollado propuestas más integrales (los MBAs, por ejemplo), se han institucionalizado las clases virtuales y ha desaparecido la desconfianza que tradicionalmente existía hacia cualquier fórmula innovadora y digital. ¿Cuál es su visión de la nueva educación?

DGV: En la educación escolar la tendencia durante los diez próximos años será la introducción inexorable de la inteligencia artificial en cualquier metodología porque ése es el modo de supervisar mejor al alumno y también de personalizar su recorrido académico. La consecuencia más obvia es que los niños ya no avanzarán al mismo ritmo. Respecto a la educación superior y la formación continua, la disrupción será salvaje. El requisito formal de una titulación avalada por una universidad reglada será menos importante; la clave estará en servir contenido de la máxima calidad, en las dosis adecuadas y con una amplísima diversidad. La universidad no va a desaparecer, pero el peso del título oficial se está diluyendo y además las titulaciones se adaptan muy despacio a la demanda del mercado laboral. Un dato esclarecedor: Coursera ha salido a cotizar a entre 20 y 30 veces el valor de su facturación. Los inversores pronostican unas tasas de crecimiento bestiales.

 

“La inteligencia artificial permitirá en los próximos diez años adaptar la educación escolar a cada alumno. En la universidad y la formación continua, la disrupción será salvaje”

Daniel González de Vega, cofundador de Smartick

 

P: Smartick estrenó en enero su segundo programa, dedicado a la comprensión lectora, una habilidad donde los niños españoles (477 puntos) quedan por debajo tanto del promedio de la OCDE (487) como de la UE (489), según el último informe PISA. En una era dominada por la hiperconexión y la omnipresencia de las pantallas, resolver esta carencia parece un reto mayúsculo.

JA: Los pilares básicos de la educación primaria son las matemáticas y la lectura, así que era básico continuar por ahí. Un niño que maneja bien estas dos áreas tiene casi garantizado el éxito en Secundaria. El propio informe PISA resalta que, efectivamente, la base del problema lector tiene que ver con el exceso de estímulos y la cultura de la inmediatez. Este cortoplacismo es matador: los menores leen a menudo mecánicamente sin entender qué están leyendo en realidad. Como dice Gregorio Luri, nuestra misión es que los niños aprendan a leer leyendo.

DGV: Nuestro programa incide en la prelectura, aborda luego la asociación grafema-fonema, después aterriza en el vocabulario y la ortografía y finalmente encara la comprensión lectora. No puedes entender ningún texto sin una técnica lectora acorde. Dicho ello, Smartick no pretende sustituir la lectura: es una herramienta para entrenar el mecanismo lector. Nuestro objetivo ideal es que los chavales dejen de usar pronto la app porque esto significará que ya pueden sentarse con un libro entre las manos durante horas. Es verdad que las tendencias del móvil y la lectura en web van en contra de nuestra meta. Están consiguiendo que seamos incapaces de leer un artículo de la A a la Z.

JA: Tristemente, quienes deben dar ejemplo e inocular la pasión por la lectura son los padres, pero si se pasan media vida conectados a Whatsapp, ya no se trata de un desafío sino de un imposible.

 

“Muy a menudo, los chavales no entienden lo que leen. Como dice Gregorio Luri, nuestra misión es que aprendan a leer leyendo”

Javier Arroyo, cofundador de Smartick

 

P: A veces asociar el juego al aprendizaje es un arma de doble filo porque puede debilitar la apariencia de rigor que se exige a la pedagogía. ¿Cómo vende la startup su metodología? 

JA: Huimos del concepto de aprender jugando. Ahora bien, una vez que asumimos que Smartick propone una serie de deberes, se le presentan al estudiante de una forma más amena o gamificada, hay puntos y barras de energía, hay estrellas que puede canjear al acabar la sesión. Se trata de allanarle al niño el camino para que quiera volver a la app con un componente diferenciador respecto a las tareas en papel.

DGV: En nuestro equipo hay ingenieros, matemáticos, profesores, psicólogos y psicopedagogos; es un trabajo muy transversal entre perfiles, funciones y departamentos. Con las matemáticas, como siempre, el comienzo fue modesto y fuimos añadiendo potencia de fuego en colaboración con la Autónoma de Madrid y la Universidad de Valladolid. Fernando Cuetos, que es el catedrático vivo que más sabe del aprendizaje de la lectura en castellano del mundo, ha liderado el desarrollo de este producto. En los próximos meses estrenaremos un tercer itinerario, la programación, que ya ocupa un 10% de las sesiones de matemáticas, y en dos años estará el cuarto, basado en el pensamiento crítico a partir del pensamiento de Matthew Lipman y su Filosofía para Niños.

 

P: Apostar por el pensamiento crítico a edades tan tempranas (Smartick cubre de los 4 a los 14 años) podría parecer demasiado audaz si no fuese porque toda reforma educativa española incluye en sus preámbulos precisamente este ideal.

DGV: En una sociedad tan dominada por las redes sociales y tan aguijoneada por las fake news, es cada vez más importante contar con la capacidad de discernir lo real de lo falso. Para Smartick esta propuesta tiene un encaje clarísimo entre las matemáticas y la lectura.

 

P: Pese a tener alma andaluza, Smartick opera desde Madrid. La pandemia, sin embargo, ha puesto en cuestión el modelo presencial e incluso la existencia de los ecosistemas vinculados a esta o aquella ciudad. ¿Han desaparecido las razones que les invitaron a salir de la comunidad y establecerse en otro lugar?

DGV: Smartick se funda en Madrid casi por inercia. Llevábamos años trabajando desde aquí, aunque parte del equipo está diseminado por toda la Península. La pandemia ha sido una prueba de estrés para medir la capacidad de trabajo en remoto, prueba que se ha superado con creces. No tengo ningún reparo en pensar que Málaga quizás aloje en el futuro un equipo de programación o atención al cliente. Ignoro qué esfuerzo se está haciendo desde Andalucía para atraer a los nómadas digitales, pero este empuje es vital no tanto porque esas personas paguen aquí sus impuestos sino porque sus proyectos generarán impacto en el territorio.

 

“Málaga y Madrid deberían crear un corredor de startups que fomente las sinergias entre emprendedores”

Daniel González de Vega, cofundador de Smartick

 

P: ¿Qué opinión les merece la evolución del emprendimiento nacional? El caso español, como saben, es particular, pues el modelo europeo suele basarse en la existencia de un gran ‘hub’ por país, pero aquí están Barcelona y Madrid y en segundo término Valencia, Bilbao e incluso Málaga. 

DGV: Si a cualquiera de nosotros nos hubiesen dibujado hace cinco o diez años la foto de lo que iba a ser el ecosistema hoy, no nos lo habríamos creído. Eso dice mucho de nuestro espíritu emprendedor, de las universidades, de las ganas de emprender e innovar. Y es una tendencia que sólo puede ir a más conforme haya más exits [ventas de startups a terceros]. Este círculo virtuoso que produce unicornios y atrae a los mejores fondos de inversión se reforzará y ampliará diría que casi a pesar de la política. Es increíble que sigan existiendo semejantes barreras administrativas y fiscales en España. No hay que inventar la rueda, basta con fijarse en lo que hacen bien otros países o en la labor de aceleradoras como Lanzadera. ¿Por qué Málaga no se alía con Madrid para crear una especie de corredor del emprendimiento donde ambas fomenten sinergias y alianzas? ¿Cómo es posible que Barcelona siga generando iniciativas tan espectaculares a pesar del clima de confrontación? Si en España las administraciones públicas colaborasen más y ofertasen las herramientas adecuadas, las startups conseguirían muchas más cosas. Paco Polo, alto comisionado para España Nación Emprendedora, ha puesto sobre la mesa las reivindicaciones del sector, que darán lugar a una ley específica llamada a resolver los retos pendientes, pero no soy demasiado optimista sobre el impacto que tendrá.

 

APOYO: PEQUEÑAS PÍLDORAS, GRANDES PREMIOS

Clases de 15 minutos, recompensas al completar las tareas, un algoritmo espabilado e informes diarios de la actividad de los alumnos. Smartick es un oasis de aprendizaje que gusta a padres y niños por igual, como demuestran los numerosos reconocimientos obtenidos por la startup radicada en Madrid. Tras las matemáticas y la lectura, el próximo objetivo es la programación, “materia que será transversal en la educación primaria y que permite ordenar la cabeza y desarrollar el pensamiento computacional”, explica Javier Arroyo. Nutriéndose de la tecnología, esta empresa altamente innovadora adapta los contenidos al momento y las necesidades de cada estudiante. El 90% de la facturación proviene de particulares por el factor flexibilidad. Los colegios, más rígidos en la impartición de sus materias, tienen más dificultades para encajar esta propuesta.