Salvador Lora (Sevilla, 1984) pertenece desde hace una década al ecosistema emprendedor. Sus primeras experiencias fueron duras. El desarrollo de aplicaciones móviles exige importantes inversiones; las inversiones implican convencer al capital de que la idea es buena; las buenas ideas no siempre son las que cuajan. A Lora no le gustaban las ferias, ni los discursos de ascensor, ni el revuelo que rodea a las startups. Su carácter cauteloso le confiere a la conversación un ritmo pausado, produciéndose entre las preguntas y las respuestas un silencio de varios segundos donde casi puede verse cómo sus pensamientos se entrecruzan hasta dar con la tecla adecuada. Kampaoh, empresa que fundó y dirige desde 2016, es la startup andaluza de moda. Venció recientemente en Alhambra Venture y acude con todos los honores a South Summit, el evento más importante de España. La propuesta es tan sencilla como efectiva: alojamientos cómodos y estilosos en campings de todo el país sin necesidad de cargar ni de montar el equipamiento. Sus tiendas de campaña, capaces de alojar a un máximo de seis personas, disponen de electricidad, menaje y servicio de limpieza.

 

-¿Hacia dónde va el turismo, sector de sectores en España y gran parte del mundo, cuando el capitalismo comienza a revisarse por primera vez en términos de sostenibilidad (crisis climática), austeridad (menos consumo) y seguridad (covid)?

 

-Kampaoh ya se alineaba con estas tendencias antes de la pandemia. Entre 2017 y 2019 triplicamos el tamaño de la empresa. El covid ha agilizado la digitalización y sostenibilidad de las compañías y nos ha puesto más aún en el punto de mira del turismo, donde tenemos una posición privilegiada. En el turismo tradicional, que depende de las cuatro paredes de una habitación, es complicado conseguir una experiencia; todo el mundo presta atención al interiorismo y tiene cubiertas esas cosas en casa.  Pero, si el alojamiento es la tienda de campaña, ya aportamos la experiencia. Lo nuestro es un océano azul de manual si tenemos que competir con hoteles y apartamentos, porque encima la propuesta de Kampaoh se despliega en plena naturaleza. Estoy seguro de que habrá competencia pronto, entrarán otros operadores, así que hay que trabajar en mejorar la experiencia y añadirle diseño. También tenemos margen de mejora en todo lo que rodea a la sostenibilidad. De hecho, actualmente el bambú que sirve de base a nuestras tiendas se importa de Bali (Indonesia), pero el reto es cultivarlo en España y ya estudiamos localizaciones en Málaga. Antes del covid estaba de moda volar, pero ahora existe el mensaje subliminal del “no viajes tan lejos”. Si no estabas en una isla paradisíaca parecía que no habías salido de casa y, sin embargo, hay lugares increíbles a menos de dos horas de cualquier ciudad.

 

 

-¿Cómo fueron los inicios de Kampaoh? 

 

-Procedemos del mundillo startup y sabemos crear un mínimo producto viable (MVP en sus siglas en inglés) con pocos recursos para validar el modelo de negocio y escalar a partir de ahí. En 2016 empezamos con 5.000 euros, pero ni siquiera lo gastamos todo porque ya contábamos con reservas de clientes. Ese verano disponíamos de 30 tiendas y facturamos 45.000 euros. Al principio usábamos material de Decathlon, pero ahora contamos con una sociedad limitada (Sin Cimientos) que fabricará desde Sevilla dos modelos de tienda, uno tipo Ikea y otro más premium. En el futuro incluso podría haber un desarrollo en paralelo para comercializar casas prefabricadas inspiradas en los bungalós, pero no queremos perder el foco.

 

-¿Cuánto de inspiración para Kampaoh hay en la también sevillana Glamping Hub? La sensación es que Kampaoh ha buscado el nicho dentro del nicho de los alojamientos de naturaleza. 

 

-Glamping Hub es un marketplace de alojamientos singulares y nosotros una cadena de alojamientos de camping. Ellos pueden evolucionar un poco en nuestra dirección y nosotros en la suya, pero es pronto para saberlo. Cuando creé Kampaoh ni siquiera pensé en ellos. Transcurrido un tiempo, sí que vimos que nuestros alojamientos podían colocarse en su plataforma, pero su núcleo de negocio está en Estados Unidos y no ocurrió. La casualidad es que se trata de dos startups sevillanas, así más pronto que tarde tendremos alguna charla y buscaremos sinergias.

“La sostenibilidad no es una opción del empresario, es una exigencia del mercado”

 

-Hablemos del modelo de negocio.

 

-Los campings no son nuestros porque en tal caso no creceríamos tan rápido. El planteamiento siempre es el mismo: gestionar una zona dentro de un camping y cobrar una comisión por atraer a esa clientela. Si, por ejemplo, se instalan diez tiendas, son los campings quienes se ocupan del servicio al cliente; si son más de 25 ya se ocupa nuestro propio personal. Las tiendas las monta siempre nuestro equipo y el contrato de colaboración suele durar cinco años. Kampaoh dispone hoy de 470 tiendas en España En 2022 serán 1.200 y en 2023 unas 2.400. Asimismo, vendemos algunos productos en nuestra tienda online (cajas regalo, camisetas, gafas de sol) y alquilamos furgonetas camperizadas.

 

 

-El periplo financiero de cualquier startup es uno de los asuntos mediáticos predilectos. Una ronda de inversión de cierto tamaño garantiza atención y parabienes. ¿En qué punto está Kampaoh? 

 

-Durante años he trabajado en la esfera de las aplicaciones móviles, donde el dinero es crucial para desarrollar el producto y donde además hace falta tiempo para ver los resultados. Cuando di forma a Kampaoh, tuve claro que no podíamos depender de los inversores. Arrancamos y funcionamos bien, pero en 2020 dimos entrada a Encomenda, que aportó 300.000 euros por el 10% del capital. Son ellos quienes nos han allanado el camino para cerrar próximamente una ronda de cinco millones.

 

-¿Le intimida el salto cualitativo que supone disponer de los recursos necesarios para moldear y expandir el negocio sin cortapisas? 

 

-No me siento cómodo con la repercusión ni soy una persona activa en redes sociales, pero, de cerrarse, esta ronda nos colocará obviamente en primera plana. Por otra parte, es una oportunidad inmensa. No nos asusta redoblar la apuesta, aunque siempre sea difícil emprender. El único camino que nos queda es crecer, así funciona el modelo capitalista. Cuando a una startup le inyectan dinero, hay un peligro latente, pero llevamos una década emprendiendo y ésta es nuestra sexta temporada (quinto año) en Kampaoh. Le hemos dado muchas vueltas a cómo usar ese dinero; sabemos que tenemos recorrido. Si hemos logrado muchísimos objetivos casi sin medios, no dudo de que los seguiremos logrando después de cerrar la ronda.

 

“¿Qué pasa, que si no tienes no sé cuántos másteres no mereces que nadie invierta en ti? Un autónomo también es un emprendedor”

 

-Kampaoh acude este año a South Summit, que es un escaparate imponente a nivel español e internacional. ¿Cómo enfoca esa aparición ante algunos de los grandes actores del ecosistema?

 

-Nos apuntamos al Alhambra Venture pese a que nos encajaba regular en la agenda porque estábamos en plena temporada veraniega. El caso es que nos presentamos y ganamos. Posteriormente nos han seleccionado para participar en la edición de este año del South Summit. Tenemos muy poca experiencia con las ferias. A mí no me gustaban porque buscar inversión puede llegar a ser muy traumático. Además, si tenemos la ronda casi levantada y vamos a una feria donde una pata esencial es la captación de capital, quizás no tiene sentido que acudamos. En cambio, podemos tomarnos esta experiencia como un ejercicio de márketing, visibilidad y networking, y difundir nuestro proyecto de coliving en campings como los de Tarifa y El Palmar, muy orientado a atraer al nómada digital.

 

 

 

-El deterioro del medio ambiente es notorio y en apariencia imparable. ¿Cómo de sostenible es Kampaoh?

 

-Hemos investigado diversas soluciones con algodón orgánico y vamos a intentar cultivar bambú directamente en Andalucía. Nuestro departamento de innovación evalúa la posibilidad de instalar placas fotovoltaicas en la lona exterior de las tiendas, y podemos jugar con las cámaras de aire y la orientación para que el aire acondicionado no sea necesario. Nuestro desarrollo será inevitablemente sostenible, pero es que en realidad no se trata de una opción del empresario, sino de una exigencia del mercado. Si no eres sostenible, no vendes. 

 

“La pandemia nos ha puesto más aún en el punto de mira del turismo, donde tenemos una posición privilegiada”.

 

-¿Cuál es su visión del emprendimiento en Andalucía si tomamos como referencia los diez años que han pasado desde su debut?

 

-Hace diez años nadie sabía qué era una startup, pero ni en Andalucía ni en ninguna parte de España. Yo mismo trabajé seis meses en una sin saber lo que aquello significaba. Si miro lo que había cuando empecé y lo que tenemos ahora, no hay color. La iniciativa privada ha hecho mucho ruido y ha logrado agitar a las Administraciones Públicas.

 

 

-¿Ha cambiado, en la línea de esta evolución, la percepción que la sociedad tiene del emprendedor? 

 

-Si lo pensamos con frialdad, es alucinante que los empresarios estén mal vistos cuando la riqueza de un país depende en gran medida de ellos. Quizás bajo la denominación del emprendedor este prejuicio se haya suavizado, aunque hablamos al fin y al cabo de un proceso de márketing. El emprendedor se vende como alguien joven forjado en Silicon Valley, pero un empresario abarca muchas más cosas. ¿Qué pasa, que si no tienes no sé cuántos másteres no mereces que nadie invierta en ti? Un autónomo también es un empresario/emprendedor y genera oportunidades. Lo más grave es que este fenómeno no se da sólo a nivel comunicación; afecta también a la educación. Que un chaval salga de la ESO o de la carrera sin tener ni la más remota idea de cómo se organiza en lo más básico un país o qué es el IRPF, es una señal de dónde está el verdadero problema. Ya en Primaria debería existir una asignatura de Emprendimiento.

 

-¿Quiénes son sus héroes?

-He tenido pocos, pero siempre me he fijado en los típicos. En España, mencionaría a Amancio Ortega y Juan Roig. A escala global, Steve Jobs me parecía el bueno de la película, un señor con una visión clara de la imperiosa necesidad que la humanidad tenía de comunicarse mejor; y Bill Gates sería el malo, el empresario que ante todo quería posicionarse primero.