Con mayor o menor pericia, los medios de comunicación se refieren al emprendimiento digital recurriendo a una serie de conceptos que el público generalista no siempre comprende. Esta terminología encierra la esencia de un ecosistema con características diferentes a las de la empresa tradicional, actores variados, formas de financiación inéditas hasta hace unos años y estructuras de negocio más basadas en el ensayo-error y la velocidad de reacción. Diez años atrás, la startup era todavía un exotismo en España, pero la irrupción de gigantes como Glovo, Cabify y Wallbox; los éxitos pioneros de firmas como Idealista o La Nevera Roja; y la creciente implicación de las Administraciones Públicas confieren al fenómeno un interés notable. A continuación se describen algunos de los elementos clave de una realidad que ya constituye el paradigma de la nueva economía, basada en la innovación constante, tecnologías cada día más disruptivas y una feroz competencia por captar el mejor talento.

 

Startup: Empresa de base tecnológica con un elevado potencial de crecimiento en un corto periodo (escalabilidad). Estos son los dos elementos diferenciales respecto a una compañía de corte clásico, aunque suele haber otros; por ejemplo, la utilización del inglés como lengua franca, la confección de plantillas con un fuerte componente internacional y la adopción de estrategias más o menos agresivas de márketing. Conviene, no obstante, matizar esta definición. La pandemia ha acelerado tan bruscamente la transformación digital que en breve cualquier empresa incluirá en sus operaciones más básicas el componente tecnológico.

 

Océano azul: En estos casos, cuando los fundadores lanzan el producto crean un nuevo mercado que atrae a nuevos consumidores, aunque también es posible que un operador plantee soluciones similares, pero con deficiencias que no cubren las necesidades del consumidor. No es necesario que se trate de un planteamiento original: a menudo, una startup europea copia una solución creada por su equivalente americana, y viceversa. La búsqueda de este nicho mágico (el océano azul) es potencialmente infinita, tal y como demuestra el caso de los alojamientos turísticos. Primero fueron los hoteles con sus habitaciones y servicios asociados; después Airbnb, la mayor cadena hotelera del planeta sin contar con un solo inmueble; más tarde apareció la andaluza Glamping Hub, especializada en viviendas singulares ubicadas en plena naturaleza; y finalmente ermergió la también paisana Kampaoh, cuya propuesta es el camping sin complicaciones (es la propia startup la que monta, limpia y surte las tiendas).

 

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MVP: El producto mínimo viable (minimum viable product, en inglés) es un modo habitual de probar las fortalezas y debilidades de una propuesta sin caer en grandes desembolsos. La filosofía subyacente es sencilla: se trata de obtener del cliente suficiente información para pulir el producto o servicio antes de comercializarlo a gran escala. Lo que se lanza inicialmente es una beta a la que posteriormente se añaden diversas capas de mejora. Esta estrategia puede considerarse uno de los vértices del método lean startup, planteado por el estadounidense Eric Ries en su célebre libro homónimo.

 

Elevator Pitch: Si el producto es el cuerpo de la startup, el elevator pitch o mini discurso es el vestido con el que llamar la atención de inversores, incubadoras y medios de comunicación. Un pitch no es un discurso cualquiera, sino una manera veloz y efectiva de absorber la atención de la audiencia en torno a una idea potencialmente capaz de cambiar el mundo. Esta grandilocuencia constituye simultáneamente la fortaleza y debilidad del discurso emprendedor, donde no es infrecuente que se mezclen la ambición y la fantasía. Para que un pitch funcione es fundamental que el destinatario del mensaje entienda la propuesta y considere que efectivamente tiene un hueco en el mercado. Pero que nadie se engañe: ningún inversor compra ya un discurso sin unas métricas (KPIs) que lo respalden.

 

Nómada digital: Trabajador sin sede fija, con buen manejo del inglés y en busca de proyectos estimulantes y calidad de vida. Un nómada digital de manual es el programador, perfil altamente cotizado a lo largo y ancho del planeta. Aquí se libra una batalla interesante donde el factor salario no es tan determinante como pudiera parecer. Un ejemplo: quizás Google ofrezca mejor retribución a un experto en ciencia de datos si opera desde la sede matriz de Mountain View, pero a la vez no es impensable que dicho experto prefiera ubicarse (temporalmente) en Málaga dado su clima benigno, el coste del alquiler y las buenas conexiones de transporte con el resto de Europa. Esencial se antoja el papel de los gobiernos en esta carrera talentística. La fiscalidad de las stock options (acciones que la startup entrega a sus trabajadores como parte del sueldo) y otro tipo de incentivos tributarios decantan también la balanza hacia unos países u otros.

 

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Incubadora/aceleradora: Ambas fórmulas son vitales para expandir el ecosistema. La incubadora actúa desde el primer minuto, moldeando a la startup en sus mismos cimientos y poniendo a su disposición todo el conocimiento necesario para organizar los diferentes departamentos de la empresa, pulir la propuesta de valor y seguir sus evoluciones una vez comercializada. Es una herramienta ideal para las grandes corporaciones. Imaginemos que Telefónica necesita una división de ciberseguridad especializada en suplantación de identidades. ¿Qué le saldrá más rentable, adquirir una startup que ya existe y por la que tendrá que pagar una buena cantidad u orientarla hacia sus intereses estratégicos antes incluso de que nazca? La aceleradora, por otra parte, entra en juego en una fase más madura, cuando el proyecto ya existe, los deberes básicos están hechos y la meta es multiplicar el rendimiento del negocio.

 

Vertical: Sector en el que actúa una startup. La nomenclatura es imponente y no para de crecer a rebufo del espíritu innovador de esta era. Andalucía cuenta con representantes en un buen puñado de categorías: Universal DX y Limnopharma (biotech o biotecnología), Glamping Hub y Kampaoh (turismo), Freepik (recursos gráficos), Smartick y Wuolah (e-learning o educación digital), Scootic (logística), Genially y Kaikoo (SaaS, software as a service), Owo (hardware para videojuegos) y AR Vision (realidad aumentada). Otros verticales frecuentes son e-health, moda o retail, foodtech, movilidad y fintech.

 

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El equipo de Wuolah

 

Ronda de inversión: Es la alternativa a la financiación bancaria, tradicionalmente reacia a sufragar proyectos por el factor incertidumbre consustancial a una startup (recordemos que nueve de cada diez fracasan en su periplo). Los inversores suelen agruparse en un fondo gestionado por un grupo de expertos donde se combinan perfiles puramente financieros y de gestión con otros procedentes del emprendimiento. Dicho fondo suele liquidarse a los diez años, periodo durante el cual inyecta capital a la startup para que refuerce sus equipos, mejore el producto y acometa su expansión internacional. El escenario ideal para el inversor es el exit, es decir, la venta de la compañía a un tercero por un valor superior al inicial, tal y como ocurrió con la malagueña Freepik y el fondo sueco EQT o, varios años antes, con la sevillana Indisys y la multinacional estadounidense Intel. Esa plusvalía es la razón de ser de cualquier fondo. En la jerga del sector existen diferentes tipos de rondas en función de la cuantía. Oscilan entre lo más elemental (una ronda pre-seed o pre-semilla) y lo más despampanante (una serie C o D). El montante de la serie dependerá del país donde se cierra. Una serie A será más elevada en Estados Unidos que en España.

 

Unicornio: El santo grial de toda escuela de negocios, de cualquier emprendedor y de los fondos de inversión pasa por lograr que una startup exhiba una valoración de mercado igual o superior a 1.000 millones de dólares. Sólo tres compañías españolas lo han logrado hasta la fecha (Glovo, Cabify y Wallbox), aunque el país presenta una correlación espectacular entre el dinero que se invierte en startups y el resultado que arrojan dichas inversiones (sólo Estonia y Portugal muestran la misma eficacia). Exits aparte, una fórmula fiable para calcular el valor actualizado de cualquier empresa tecnológica consiste en multiplicar por 12 ó 15 sus ventas anuales recurrentes.

Hub: Un hub o nodo es el pan nuestro de cada ecosistema. Silicon Valley es el hub por antonomasia, pero no es el único: existen países pequeños que actúan como nación-hub (Israel) y otros donde lo normal es contar con un actor predominante (Londres en Reino Unido, París en Francia, Berlín en Alemania) y una ciudad que actúa como satélite o segunda alternativa. En España, el mapa es singular, pues dos capitales rivalizan por el primer puesto en startups, riqueza, empleo e inversiones (Madrid y Barcelona) y en el siguiente escalón se sitúan tres sólidos contendientes: Valencia, Málaga y Bilbao. Más allá del factor cuantitativo, el hub es importante en su aspecto cualitativo. Cuanta mayor sea la densidad de startups por kilómetro cuadrado, mayores sinergias habrá. El ecosistema lo integran asimismo las universidades, los poderes públicos y las iniciativas privadas que, procedentes de otros ámbitos, apuestan por la innovación tecnológica, la agilidad y la escalabilidad.