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Twenix: el inglés se demuestra hablando

La startup almeriense reinventa el aprendizaje del inglés con una plataforma intuitiva, flexible y ultra-personalizable donde las conversaciones sustituyen a la gramática. Las empresas, advierten los fundadores, ya no piden títulos sino habilidades.
Startups del sur

Aprender bien un idioma alternativo se ha convertido en toda una exigencia del mercado laboral. La economía globalizada, la de los nativos y nómadas digitales, empuja a cualquier profesional a manejarse con soltura, sobre todo, en la gran lengua franca contemporánea: el inglés. Nacida en 2017, la startup almeriense Twenix dispone quizás de una de las mejores herramientas para alcanzar ese objetivo.

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Jorge Moreno y Daniel Delgado

Jorge Moreno (1993) y Daniel Delgado (1994), CEO y COO respectivamente y cofundadores de la empresa, moldearon su idea de negocio a partir de una necesidad. Su paso desde la primera juventud por diferentes academias les dejó siempre un sabor agridulce. “Demasiada gramática y muy poca conversación te hacían comprender que en realidad estabas aprendiendo muy poco”, recuerdan.

Twenix rompe ese molde clásico con una plataforma tecnológica que conecta a alumnos y profesores ateniéndose a cuatro reglas de oro: la flexibilidad (es posible reservar una clase cualquier día de la semana, casi a cualquier hora y con apenas antelación), la “ultra-personalización” (charlas alumno-profesor y conversaciones adaptadas al campo de interés de cada individuo), la simplicidad (es la plataforma la que asigna al estudiante un profesor en base al nivel y la disponibilidad) y el seguimiento de los progresos idiomáticos.

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Aunque el foco está en el B2B (los principales clientes de Twenix son los departamentos de recursos humanos de las empresas), cualquiera puede acceder a la herramienta, completar un test exploratorio y elegir el paquete de clases que mejor se adapte a sus necesidades.

Hay profesores de 26 países “para que el alumno se habitúe a los diferentes acentos del inglés”, la startup presta servicio a más de 170 compañías y en 2021 se impartieron alrededor de 75.000 clases y se triplicó la facturación. Las charlas duran algo menos de media hora y el objetivo, explican los fundadores, es que el 80% del tiempo sea el estudiante quien hable. A través de un chat, el profesor corrige al alumno según dialogan.

Moreno resta importancia al hecho de que el recorrido pedagógico que Twenix propone no culmine en la obtención de un título oficial. “En nuestros años de academia sufrimos el vicio de la titulitis. Todo el mundo pedía un B1 para trabajar, pero la situación ha cambiado drásticamente porque ahora el sector privado tiene verdaderos problemas para encontrar talento. Si quieres contratar a alguien y validar que sabe inglés, le haces una prueba. Twenix es para perder el miedo y ganar fluidez”.

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El e-learning, advierte el tándem almeriense, ha venido para quedarse. “Un MBA valía antes 80.000 euros y hoy por 1.000 consigues un aprendizaje similar. ¿Qué más da dónde te formes? Fórmate a golpe de clic donde quieras. Con el inglés, antes el 50% del mercado se lo llevaban las academias y los profesores que iban a la oficina de ciertas empresas, pero esto generaba muchos problemas logísticos. Los itinerarios hay que personalizarlos”, ahonda el CEO.

Empezar con lo puesto

Twenix arranca de la manera más modesta posible: con diez euros para registrar el dominio. Al principio, Moreno y Delgado usaban plataformas gratuitas como Skype y Typeform para las clases. “Prácticamente vendíamos sin tener producto, así que la necesidad era obvia. Una vez validado todo, contratamos a una agencia para desarrollar el producto, nos mentorizó una aceleradora de Barcelona (Conector) y levantamos la primera ronda de inversión (100.000 euros)”.

Aquello fue sólo el aperitivo. Al venture capital le sedujo tanto Twenix que después se concretaron dos rondas más: una de 350.000 euros (ampliada en otros 500.000) y la más reciente, 2 millones de euros con la participación de Inveready y Brighteye, líder en capital riesgo orientado al e-learning en Europa.

El mundo de los inversores es duro, por eso es tan importante disfrutar con lo que hacemos”, concede Delgado. “Es muy duro -enfatiza Moreno-. En este sector el hecho de vender algo disruptivo implica muchos noes; la gente no siempre cree que tiene la necesidad que le planteas. Además, si no alcanzas los ritmos de crecimiento esperados, la siguiente ronda se puede fastidiar”.

El secreto del éxito

Para capear la tormenta de dudas, exigencias y tropiezos que separa al emprendedor de la rentabilidad, Delgado y Moreno enumeran una serie de claves. El primero alude a la “necesidad de compartir valores” con el resto de fundadores y ser siempre “complementarios”; aconseja no perder la humildad; y afirma que con los inversores y socios “hay que tener buen feeling”.

El segundo apuesta por rodearse de personas que “hagan crecer al equipo”, especializarse en un área y dejar que los demás socios abarquen otras, y ejecutar el plan con la precisión de un cirujano.

En la actualidad, se felicitan ambos, ya no es obligatorio que una startup andaluza tenga que instalarse en Madrid o Barcelona para ganar músculo, confianza y notoriedad. “Con las nuevas tecnologías hay mucho que evangelizar porque pueden transformar la cultura de ciudades pequeñas como Almería. Nosotros ya no distinguimos a la hora de contratar en remoto o presencial, y sobre los grandes hubs tenemos la ventaja que unos costes y competencia menores”, describe Delgado.

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