Andalucía Conectada

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Fly me to the moon

La canción de Sinatra ya no es sólo una idea romántica. Diferentes empresas andaluzas ofrecen productos y servicios en la creciente industria aeroespacial. Fossa Systems, WeGaw, Innoplant y Agrow Analytics son una avanzadilla de lo que está por venir.
Startups del sur

Aunque el momento soñado por Julio Verne, filmado por Stanley Kubrick y comercializado por Elon Musk nunca parece eclosionar, la conquista del espacio está cada día más cerca. No se trata únicamente de enviar misiones no tripuladas a Marte o cohetes turísticos a la Luna, sino de crear en torno a esas aventuras una economía del cosmos.

Uno podría creer que los proyectos más ambiciosos se desarrollan en Estados Unidos o China, las dos grandes potencias mundiales, pero en la era globalizada las oportunidades surgen en cualquier rincón. Con una sólida trayectoria aeronáutica a sus espaldas, Andalucía constituye hoy un importante motor de ideas e iniciativas.

Quizás la historia más llamativa sea la del linense Julián Fernández y su startup Fossa Systems. Con apenas 19 años y una habilidad innata para la ingeniería (construyó su primer satélite comprando las piezas en Amazon), Fernández llamó la atención de su paisano Carlos Creus, CEO de WiseKey, una empresa de capital Suizo que cotiza en el Nasdaq e invierte en empresas de base tecnológica con gran potencial.

Lo que Fossa consiguió lanzando sus primeros seis picosatélites al espacio desde Cabo Cañaveral y gracias a SpaceX no fue sólo ofrecer conectividad a sectores como la agricultura, la industria y la logística en lugares con escasa o nula cobertura. La startup gaditana tejió un mensaje esperanzador: estos aparatos de menos de un kilo, entre dos y tres años de vida útil y un precio que ronda los 100.000 euros por unidad significan que nada es imposible si el talento y el esfuerzo acompañan.

Vicente Gonzalez (CTO Julian Fernandez (CEO)
Vicente Gonzalez y Julian Fernandez (Fossa Systems)

“Tenemos dos modelos de negocio: el de la conectividad dentro de un servicio SaaS (software as a service), como cualquier operadora de telefonía, a cambio de tarifa mensual (4-5 euros por dispositivo), y el de la venta directa de picosatélites a clientes”, explica Fernández.

“Fossa -continúa el CEO- se dedica al internet de las cosas (IoT) industrial, que básicamente consiste en optimizar procesos productivos para entender lo que ocurre alrededor y tomar decisiones más informadas. El IoT está aquí para quedarse y se implementará en muchos aspectos de nuestras vidas”.

En torno a los satélites se mueven otras dos propuestas made in Andalucía. Una de ellas la comanda Ion Padilla desde Málaga a través de WeGaw, cuyo objetivo principal es ayudar a las productoras de energías renovables a optimizar su rendimiento.

“Funcionamos con un software específico y multipropósito que consume datos de varios satélites de la NASA y la Agencia Espacial Europea, los descarga, los limpia y los introduce en nuestro modelo de machine learning, entrenado con millones de estadísticas espaciales para que sepa qué debe buscar”, describe Padilla.

WeGaw ataca así la imprevisibilidad de las renovables (nadie sabe al 100% cuánto viento soplará o cuándo nevará en la montaña). Aunque de momento la plataforma está pensada para la hidroelectricidad y la eólica off-shore, la intención es acabar monitorizando todas las modalidades, incluida la solar.

WeGaw
Equipo de WeGaw

“Empezamos por la hidroeléctrica -asegura el CEO- porque es la que más problemas presenta para modelar el futuro. Entran en juego la nieve que hay en la montaña, cuánta humedad hay en el terreno y el estado de los acuíferos. Ahí estaba la principal demanda del cliente”.

La cuestión es dilucidar si el espacio es ya un mercado inmenso o todavía no supone más que un nicho. “Aquí no opera sólo Elon Musk. Hay startups con financiación privada que lanzan cohetes con cargas al espacio a precios muy asequibles. Queda mucho camino, pero hay realidades palmarias: Luxemburgo, por ejemplo, está empezando a regular la minería espacial. Y hay empresas cuyo modelo de negocio es literalmente enviar hardware al espacio”.

Málaga y Lausana acogen sendas oficinas de WeGaw. “Cuando tomamos la decisión de venir a Málaga -dice Padilla- hicimos un balance entre el coste del nivel de vida y el acceso al talento. El ecosistema es tan atractivo que podemos fichar a profesionales de fuera de Andalucía y España, incluso asumiendo que van a cobrar menos que en otros países”.

Contra la sequía

Agrow Analytics nace porque sus fundadores observan la escasez brutal de agua que asola al planeta. En una economía la agricultura consume el 70% del agua disponible, las viejas soluciones eran muy deficientes. “Hay sensores, que son caros, implican mucho mantenimiento y permiten poca planificación. También hay datos, pero no conclusiones”, detalla Pablo Crespo, del equipo fundacional de esta startup malagueña.

La herramienta de Agrow indica dónde, cuándo y cuánto regar de forma predictiva sin recurrir a sensores y gracias a los satélites Sentinel 2 y 3 de la Agencia Espacial Europea, que arrojan información más precisa sobre la finca, el tipo de suelo y el cultivo en cuestión.

El ahorro en agua está entre el 10% y el 30%, “pero lo más importante es la calidad del cultivo cuando el riego es óptimo”, puntualiza Crespo.

Con una ronda de inversión levantada (110.000 euros), un crédito de Enisa y una segunda ronda prevista para junio, Agrow Analytics cuenta con 15 clientes repartidos entre Andalucía, Murcia y Valencia, todos grandes corporaciones del sector agrícola que buscan “soluciones 360 para el riego”.

Fundadores de Agrow
Fundadores de Agrow

Esta conexión espacial (los datos de los sentinels son de uso gratuito) permite a la inteligencia artificial de Agrow sugerir al agricultor las cantidades exactas de agua que debe utilizar en función de la meteorología diaria y funciona además como un canal de comunicación que, vía Whatsapp, recuerda al encargado de campo su lista de tareas de riego.

Andalucía se ha puesto las pilas y hemos visto cómo se produce un cambio en las políticas de inversión que favorece la expansión del ecosistema emprendedor. Desde el agro también hemos recibido un respaldo increíble. El sector ha comprendido que sin digitalización no habrá agricultura”, reflexiona Crespo.

¿Crisantemos lunares?

The Green Moon Project es una suerte de asociación que combina esfuerzos públicos y privados para llevar a la Luna el primer experimento de agricultura espacial. Esta iniciativa que coordina el ingeniero malagueño José María Ortega se coló entre las 15 candidaturas finalistas (para un total de 3.400) de la competición organizada por Google en septiembre de 2016.

“Queríamos entender el crecimiento de una planta en la Luna, donde la gravedad es seis veces menor. Las plantas estuvieron siempre en los mares y océanos, eran algas y luego pasaron a la tierra, pero siempre bajo los efectos de la gravedad terrestre. Si estamos planteando colonizar otros planetas, hay que resolver este desafío”, arranca Ortega.

Andalucía, recuerda el director general de GMP, es “líder mundial en agricultura”, y ese conocimieto debe aprovecharse para enviar a la Luna una cápsula de 30 centímetros de altura y 20 de diámetro con la semilla reveladora. Los chinos plantean su próximo aterrizaje lunar en 2024 y hay un acuerdo con ellos para transportar el pequeño cilindro.

Para 2050 quizás ya haya invernaderos en la Luna. “Todo va muy rápido”, advierte Ortega, quien recuerda que “Andalucía es cuna de la aeronáutica y lo aeroespacial parte de ahí”.

Uno de los socios vitales de The Green Moon Project es Innoplant, empresa granadina de I+D orientada al sector agroalimentario. Eva Sánchez, responsable de la startup, conoció a Ortega cinco años atrás y decidió incorporarse al reto.

El lecho lunar se simula con suelo volcánico de Lanzarote, muy parecido por su composición basáltica. “Es mejor resolver la duda aquí. Transportar el sustrato es carísimo; tenerlo en la Luna, baratísimo”, ilustra esta emprendedora.

“Estamos reuniendo un paquete de información valiosa para que la NASA o la Agencia Espacial Europea tengan los conocimientos necesarios para montar un invernadero en la Luna. Esto, sin embargo, va más allá. Trabajamos con empresas de fertilizantes y muchas ya han mostrado interés en desarrollar un fertilizante lunar”, informa Sánchez.

“Además, nos llamó mucho la atención, al participar en un simposio de turismo espacial, la respuesta mediática. Luego fuimos a un foro de inversión aeroespacial de la agencia IDEA y se presentaron ocho empresas andaluzas con diferentes líneas de negocio. Hay capital dispuesto a participar”.

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